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J_de_Castro
Miembro de la Peña La Verema desde 1990.
Paco Higón
Moderador del foro de Verema. Socio co-fundador de Verema.com
Dani C.
Equipo de Contenidos y Moderador de Verema.com
- Cata de vino Kosher…. Vino y religión
- Cata 206 de la Peña La Verema: Un paseo por Francia.
- 9º Encuentro Verema: Algunos apuntes a vuela pluma.
- Vinos de syrah mediterráneos. Cata 212 de la Peña La Verema
- Cata 204 de la Penya La Verema “El vino a través del tiempo”
- Gewürztraminer. ¿Una variedad difícil?
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- Cata 203 de la Peña La Verema.
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Últimos comentarios
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Je, je, claro que para ti no era a ciegas. Pero, de los que probamos a ciegas
J_de_Castro 05/Abril (22:35) -
Buena crónica, Dani. Muy buena la cata y la cena. A mí me gusta mucho más, por
J_de_Castro 05/Abril (22:30) -
Gracias a ti Luis
Dani C. 04/Abril (17:54) -
Dani C. Simplemente decirte que me ha encantado la crónica!! Así da gusto
Luisvlc 04/Abril (10:52) -
Pues tomo nota de ese Bayanaus, si lo veo por aquí me haré con una botellita
EuSaenz 04/Abril (08:42)
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En otro orden de cosas, resulta difícil escribir una crónica de una cata que, por razones evidentes, tiene poco en común con el resto de nuestras reuniones habituales. Por ello obviaré los detalles para contaros más bien impresiones generales.
La primera parte de la cita se desarrolló bajo la batuta magistral de Isabel Mijares, acompañada por Pedro Aznar. Isabel comenzó con una presentación general de la evolución del vino en La Rioja y continuó apuntando la cata de los grandísimos vinos de Marqués de Riscal que nos ofrecieron a continuación.
Ciertamente el tema es apasionante. El cambio en la tendencia general en la elaboración es un hecho cierto que se puso de manifiesto en la cata de Riscal, en la que había vino clásico, moderno y ultramoderno. No voy a dar ahora mi opinión particular sobre el tema, que reservo para un artículo personal de opinión. Sin embargo, tras probar los grandes clásicos de antaño, no puedo dejar de expresar el sentimiento de que se trata de algo irrepetible, dado que estoy convencido de que los vinos que ahora se elaboran en Rioja no van a sobrevivir, no ya más de media centuria como es el caso del Marqués de Riscal de 1945, sino que dudo que sobrepasen las bodas de plata en condiciones.
De los cuatro vinos que probamos, me encantó el Marqués de Riscal, 1964. Un vino redondo, vivo a la vista, vivo en nariz, vivo en boca. Un portento de sutileza y complejidad, con cueros, especias, monte bajo, balsámicos, maderas finas, breas y tostados….Todo perfectamente ensamblado, todo elegancia, todo equilibrio, todo sutileza. Con una boca amplia pero sedosa, extraordinaria, larga pero fresca. Un tinto de “10” para mí, que empiezo a aborrecer los tintos modernos al uso. Hace poco tiempo que tuve la fortuna de poder probar otro clásico de la añada mítica de 1964, el Viña Tondonia. Resulta sorprendente que vinos de mi edad tengan tal frescura, elegancia, delicadeza, en resumen, tal vida. Creo que los riojas clásicos de los 60, en particular el 64, son la esencia de la elegancia.
La pareja de los clásicos se completaba con el ya mencionado Marqués de Riscal, 1945. Se trata de otro vino magnífico, sutil y complejo. Elegante y ensamblado, aunque con un registro más sutil que su compañero en boca y más discreto en nariz, con más notas animales.
Los modernos llegaron de la mano de los Barones de Chirel (1994 y 1995). Vinos de corte moderno, con potencias aromáticas casi exuberantes y bocas carnosas. Siendo grandes vinos, son de otro estilo: el moderno. Yo no tengo duda, en esta cata me quedo con los clásicos pero, ¿y como consumidor? ¿Y el consumidor medio? Pues que va a hacer: Comprar lo que puede, es decir, lo que encuentra en los comercios especializados a precios razonables. Modernos a la fuerza.
Terminamos con el ultra-exclusivo Frank Gehry 2001. Este es el vino de la esencia. La concentración aromática ahora trae notas lácticas y frutales (fresa, frambuesa y mora), vegetales y recuerdos tostados. Boca amplísima, paladar sumamente carnoso y persistencias infinitas.
La segunda parte de la sesión se desarrolló en la mini-feria y allí cada cual probó lo que más le apeteció. Yo, por mi parte, me centré en los blancos y espumosos, que es lo que en esos momentos más me apetecía, sobre todo acompañando a la cena cóctel de la que disfrutamos. Como suele ocurrir en estas situaciones, surgieron muchos comentarios, muchos corros y algunos descubrimientos de interés y, en resumidas cuentas, mucho de lo que hablar en torno a un acontecimiento excepcional que permanecerá en nuestra memoria durante mucho tiempo.