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miércoles, septiembre 20, 2006

Doctor TJK y el Gamvik (I)

Para continuar con los reportages de autenticas saturnales (lo cual empieza a ser ya habitual y por otro lado preocupante), os vamos a relatar la cena que se montó para agasajar a un invitado de excepción. Se trata de nuestro amigo el veremero Doctortjk: Valente G. de Quevedo. Un oftalmólogo mexicano aficionado a los vinos que, aprovechando un viaje por Europa, se acercó a Barcelona para visitar la ciudad y, como no, para cenar con nosotros.

Nuestro amigo Joan Nadal se encargó de concretar restaurante y menú.

Y en mi opinión acertó de pleno. El restaurante Gamvik (Balmes 165) se mostró como una excelente opcción: un local tranquilo y aceptablemente espacioso, un menú degustación con elaboraciones de primera, y un despliege sin igual en el servicio del vino; decantadores, copas, temperatura de servicio.

Antes de empezar con los comentarios de los vinos y el menú, conviene aclarar que en esta cena los vinos fueron aportados por los invitados, sin excepción. De sobaquillo. Y que el restaurante fué el responsable de las copas y de su servicio.

Una vez dicho esto comencemos:

Para el aperitivo, un buen ejemplar de cava: Elisabet Raventos Gran Reserva Millesime 1999, un cava de Raventos i Blanc con muy buena nariz: fruta madura, manzana, con notas de pastelería, levaduras y unas interesantes notas de tiza. En boca con buena acidez, con el carbónico bien integrado. Un vino que se sale de los habituales registros aromáticos del cava. Lleva Chardonnay y se nota (60% Xarel·lo, 30% CH, 10% Monastrell). Como dice nuestro amigo Fede, ¡una feliz excepción!

Seguimos con una magnífica representación de manzanilla: San León Reserva de la Familia, de Bodegas Argüeso. Una manzanilla profunda, con una excelente paleta aromática; desde el mar con sus notas salinas y yodadas, hasta tierra adentro con el aroma de las almendras y las aceitunas bien maduras a punto de recoger. Una manzanilla que hizo mella entre los asistentes. Ved la certera descripción de esta manzanilla que nos ofrece nuestro amigo Joan G. Pallarès en su blog De Vinis Cibisque. ¡Magnífico Joan!

Saltamos de sur a norte, y vaya salto. De la albariza de Sanlúcar a la pizarra del Nahe: H. Dönnhoff Hermannshöhle Riesling Spätlese 1993. Un vino que con su sola existencia rompe algunos esquemas fuertemente arraigados en algunos aficionados. Un vino blanco sin crianza en madera y no obstante longevo, un vino con baja graduación alcohólica y sin embargo potente y expresivo, un vino no obstinadamente seco y que combina bien con la comida...

En fin, recién abierto, el Spätlese de Dönnhoff, nos recibe con una nariz de buena intensidad con notas de hidrocarburos que nos recuerdan a la gasolina de zipo. El aroma pronto evolucionará y se abrirá hacia la fruta amarilla de hueso, albaricoque, nectarina. Continua abriendose con notas de hinojo y hierba de carretera recién cortada para pasar a aromas de heno y paja. Al final de la noche llegará la marquetería y la madera de balsa. En boca, fino y elegante, con esa gran acidez a la que nos tiene acostumbrados Dönnhoff. Hubo en la mesa quien pensó en decantar este vino y darle horas de aire. En mi opinión no era oportuno. Es una pena no poder observar toda esa evolución y que se pierda en el decantador. Prefiero que lo haga en mi copa. Claro, para eso hace falta tranquilidad y paciencia.

Seguidamente le tocó el turno a un Sauvignon Blanc de Rueda: Saxum 2004 de Ricardo Sanz (Terna Bodega S.L.). Un vino que no conocía y que me sorprendió con su nariz de fruta tropical: plátano, piña, mango incluso fruta de la pasión. Todo ello bien maduro. Una nariz para nada característica del SB. En cambio en boca, las inconfundibles notas del Sauvignon: hueso de melocotón, callejones humbrios, boj. Un vino aún muy marcado por la barrica. Claro, es un FB y del 2004. Démosle botella.

Y para finalizar con los blancos, nada menos que un Viña Tondonia Gran Reserva Blanco 1981, de los hermanos Lopez de Heredia. Un clásico ya en nuestras cenas. Esta vez, al contrario que en otras ocasiones, se mostro algo reducido en la apertura. Quizá lo mejor hubiera sido decantar pero finalmente se decidió no hacerlo y esperar su evolución en copa* (Ved nota #7). Y la tuvo. De esas notas en la apertura de ranciedad y mueble viejo se pasó en unas horas a un fondo de fruta amarilla madura, sobretodo membrillo, todo ello con notas de miel y cera de abeja, marqueteria fina y humo de pipa (gracias Estrella). En boca de nuevo una gran acidez, seco, con buen cuerpo y una buena persistencia. Un vino que no deja indiferente, que levanta grandes pasiones o inspira profundas decepciones. Yo me quedo con lo primero.

Y hasta aquí, nuestros comentarios sobre los vinos blancos que tomamos esa noche en el Gamvik, y que combinaron perfectamente con la primera parte del menú: a resaltar los aperitivos con el jamón y las gambas, el carpaccio de bacalao con coulís de tomate y el magnífico tartar de atún, todo ello con una esmerada presentación y una calidad indiscutibles.

No os perdais la segunda parte de esta crónica que publicaremos en breve con los comentarios sobre los vinos tintos y los de postre. Para hacer boca os diré que había joyitas como un Clos Dominic Vinyes Altes 2002, un Villacreces y un Blecua del 2000, un Penfolds Bin Reserve Botrytis Riesling 2000, o un Mataró de Alta Alella....

Saludos y gracias a todos los asistentes. Un placer catar con todos vosotros.

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sábado, septiembre 16, 2006

Chus Madrazo y el sobaquillo (II)

Como ya avanzábamos en nuestro artículo anterior, después de los riojanos, y con la escusa del postre, llegaron a las mesas una auténtica romería de vinos de sobaquillo (esto es, aportados por la concurrencia).

Joan Pena y los amigos de la Peña La Taberna, nos invitaron a un magnífico Loira botrytizado, un "Coteaux du Layon": Château Bois-Brinçon, Selection de Grains Nobles 1997. Un Chenin Blanc botrytizado que elabora Xavier Cailleau, 5ª generación del dominio Château Bois-Brinçon, en la zona de l'Anjou, a orillas del Loire. Compleja nariz con notas de miel y un fondo de fruta amarilla y membrillo. En boca, una maravillosa acidez que contrasta con un excelente dulzor. Un vino goloso. Para gozar.

Seguidamente, gentileza de Quim Vila, pudimos probar dos "perlitas" de Niepoort: un Vintage Port 1983, de un color rojo vivo que no hacía pensar en un vino de su edad. Buena nariz, con notas de fruta en licor, chocolate, higos y avellanas, todo ello ya con una cierta evolución. Y para rematar, un Porto Colheita 1863. Sí, sí, no hay error en la añada: 1863. Un vino del siglo XIX, enbotellado recientemente. De color ambarino-marronoso. En nariz, yodado, acaramelado, con notas de cierto amontillamiento, con el alcohol presente pero con una buena concentración, con notas de chocolate, azucar quemado y un final ligeramente amargo. Maravilloso.

Para continuar, y cambiando de tercio, un mosela añejo: Fritz Haag Juffer Sonnenuhr Riesling Auslese 1976. Un vino aún muy vivo en nariz, con excelentes notas de hidrocarburos, piñones, resina, pomelo y miel. En boca un poco decaído, plano, sin cumplir las emocionantes promesas de complejidad que nos había susurrado persistentemente en la fase olfativa. Son 30 años. Aún así, un vino con clase, elegante y sobrio. Una oportunidad única. ¡¡¡Gracias Herr!!!!

Otro gran vino, esta vez un champagne recién llegado a BCN de la mano de Juan Valencia: François Billecart 1996. Un "coupage" de 65% de Pinot Noir y 35% de Chardonnay (Le Mesnil y Avize) y 36 meses de crianza. Gran nariz, con notas de fruta amarilla bien madura, con un fondo calcáreo espectacular. En boca bien cremoso, elegante, fresco, con una excelente acidez y con una buena persistencia. Sin duda un buen champagne.

Y para finalizar, el Pedro Ximenez viejísimo del Maestro Sierra. Un vino del marco, criado en botas con una media de más de 30 años. Color caoba. Con notas en nariz yodadas, chocolates, pasas, ligeros recuerdos de plastilina. En boca inmenso, superpersistente, dulce y denso, aunque no enpalagoso... Como dice nuestro amigo Víctor: con tan sólo 10º de alcohol, ¡¡un auténtico bomboncito!!

Una gran noche señores. Que se repita.

Gracias a todos.

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martes, septiembre 12, 2006

Chus Madrazo y Peña La taberna

Días atrás, al revisar el correo de ETB, nos encontramos un mensaje nada menos que de Chus Madrazo (Viñedos del Contino), que nos invitaba a una cena-cata de sus vinos que se iba a celebrar unos días después en el Restaurante Ipar Txoco del barrio de Gracia. ¡Ya podéis imaginar que sorpresa!

Se da la circumstancia, que en uno de nuestros encuentros, uno de los vinos que probamos fué su Contino Viña del Olivo 2001. Parece ser que la botella que tomamos en ese encuentro no estaba muy fina, incluso pudo haber algún problema de copas. La cuestión es que le hizimos una mala crítica. Pues bien, la anécdota es que Chus recordaba esta crítica, y que con gracia y cierta picardía nos la recordaba en su mensaje de convite...

Como no, le contestamos enseguida que sería para nosostros un placer asistir a tal evento.

Y por fin, llegó la noche de marras. Para que os hagáis una idea, al entrar en el Ipar Txoco nos encontramos a Chus tal como le veis en la foto; preparando su artillería. ¡Y que artillería! ¡Ya veréis!

No estábamos solos, también estaban invitados los amigos de la peña "La Taberna", además de otros amigos de Chus y "gente del ramo"; importadores y distribuidores, entre ellos Quim Vila de Vilavinateca y Juan Valencia. (Y otros que no nombraremos por brevedad expositiva. Que me perdonen)

Y sin más empezemos con los vinos, que para eso estamos ;-)

El primero de la noche fué un Contino Graciano 2004, un buen ejemplar de lo que puede dar de sí esta variedad riojana. Chus nos fué explicando que en esta añada del 2004, las lluvias estuvieron muy presentes en Contino, obligandoles a ejercer un intenso trabajo de vendimia en verde para contener la producción hasta dejarla en un escasísimo quilo/cepa y conseguir una buena maduración. El vino se expresaba bién, con notas de cereza en primer plano, ligeras notas de la barrica, café, tostados, con interesantes notas cítricas de limón y naranja sanguina en nariz. En boca buena acidez, con buen cuerpo, con los taninos presentes pero bien integrados, intenso y con una buena persistencia. Es un vino en el que destaca el caracter cítrico de la Graciana. Por eso, lo tomamos de aperitivo con unos "montaditos de chistorra" que ofrecían el contrapunto justo de untuosidad.

Seguimos con con un vino de CVNE, el Real de Asúa 2000, elaborado con un 95% de Tempranillo, y el resto Graciano y Mazuelo, de la Finca Villalba, de unas 40-45 ha, parcela de dónde se elaboran también los Imperiales. Fermentado en tinas de madera de roble francés de 3 o 4 años, y criado en barricas de roble francés y americano (50%). Nos recibe con una nariz menos intensa, pero también de cereza, con alguna ligera nota láctica, con café y cacao presentes. Paso de boca de cuerpo medio, con buena acidez y con los taninos bastante redondos ya. Un vino que marca la tendencia de los Reales de Asúa de convertirse en vinos con una base tradicional, con una buena acidez, pero con toques de moderna frutosidad.

El Pagos de Villareal 2002 que tomamos a continuación, nos sorprendió por sus notas de maceración carbónica. Ya nos lo advertía Chus. Aunque no lleva nada de este tipo de maceración, sus notas frutales nos la recuerdan. Esta es una parcela en la espalda de Contino, de exposición sur, cuyo mosto fermenta en tanques de hormigón y realiza la maloláctica en barrica. Los resultados són un vino fresco, aromático, con la fruta concentrada, ligeras notas lácteas y lejanos toffees. Un vino amable, con vocación de vino fresco y joven. Nos lo tomamos con unos buenos tomates de payés, atún y cebolla. Sencillo y magnífico a la vez.

Para continuar, y con unas excelentes "pochas con almejas", dos vinos más: Un Contino Reserva del 2001 y un Gran Reserva del 2000. La cosecha del 2001 en Contino fué calificada por Chus como extraordinaria, la mejor de su historia junto con las míticas 82 y 96. El Reserva del 2001, con un 85% de tempranillo, 10% graciano y 5% Mazuelo, fué criado en un 70% en botas de roble francés, 10% en roble hungaro y el resto en roble americano bien seleccionado (para que no diera notas de coco y vainillas). El vino nos recibió con notas al inicio entre animales y làcticos, con recuerdos de queso. Con el aire se limpiará, aparecerá la fruta, notas de cereza con ligeros cueros. Paso de boca con buen cuerpo, buena acidez y un final considerablemente persistente. Un vino con un clasicismo bien entendido, más que correcto, para disfrutar comiendo.

Y el Gran Reserva del 2000, pasando una fase autista, parece ser que ya característica de algunos grandes vinos. Cerrado a cal y canto. Estuvo en el decantador más de 1 hora. Según nos contó Chus, se espera que este vino exprese todo su potencial en unos 5 o 10 años. Así que, si tenéis botellas de este Gran Reseva, guardadlas. Este vino sólo lo elaboran en grandes añadas, no se elaboraba desde el 96. La parcela es de cepas madre de más de 50 años: 85% tempranillo y 15% Graciano según la añada. Parece ser que sólo se embotella en botellas magnum y de 6 litros. Un vino muy serio, sin duda. Ojalá estemos allí en unos 10 años para probarlo en toda su plenitud.

Y ahora sí, le tocaba ya el turno a los Olivos: Contino Viña del Olivo 2004, parcela de 6 ha. de suelo calcáreo, con una inclinación de unos 5-7%, 15% de Graciano y 18 meses en barrica más 1 año en botella. Nariz de buena intensidad con las consabidas cerezas en primer plano, la madera muy bien puesta, bien integrada. Paso de boca con buen cuerpo, sabroso, ligeramente tánico aún pero apuntando buenas maneras. Excelente acidez.

Contino Viña del Olivo 2003, maduro ya, redondo. Con sorprendentes notas en nariz de fruta amarilla de hueso y cítricos: melocotón, mandarina, naranja sanguina, con ligeras notas de madera; cacao y café con leche. Una gozada de nariz. Buena acidez en boca, con buen cuerpo y una notable persistencia. En esta añada tan cálida se tuvo que aumentar el porcentaje de Graciano hasta el 20% para darle acidez y frecura al conjunto. Si bien ahora está en su punto, no creemos que sea una añada de guarda. Hay que berselo ya!!!!

Estos dos vinos, nos los sirvieron con un estupendo "bacalao a la vizcaína", con su pimiento chorizero y un polémico toque de salsa de tomate. Digo polémico poque según nos contaba Miguel Real de Asúa, propietario del local y primo de Chus, en el país vasco sería imperdonable el uso de tomate en esta elaboración que sin embargo resulta imprescindible en Catalunya. Así pues, resultó ser un "bacalao a la vizcaico-catalana" ;-)

Y para rematar, un enorme "chuletón de ternera" con un Viña del Olivo 2001, un vino también enorme, de una excelente añada, mucho menos evolucionado que su hermano del 2003. Fino y elegante pero potente a la vez. Notas de cereza, con buena acidez, con buen cuerpo, largo y persistente. Vino que promete una larga guarda aunque esté dando satisfacciones desde hace ya unos años. Lo seguiremos. Si conseguimos encontrarlo en el mercado pues parece que ya casi no queda.

A partir de aquí, y con la escusa de los postres, empezó una auténtica romería de vinos; Portos anejos (alguno del siglo XIX), Riesling, PX, Champagnes, Loiras botrityzados....un verdadero carnaval de vinos de sobaquillo que, sin duda, serán el tema principal de un próximo post.

Gracias Chus, y hasta pronto.

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