Logo de Verema.com

Blog de Jordi Melendo

viernes 11 de abril de 2008

Recuerdos de la Champagne, mágicos, inolvidables, irrepetibles

La primera vez que pisé la Champagne, el que para mi es el mejor terruño vitivinícola del mundo fue en 1992. Fue con motivo de una visita a Moët Chandon y todavía guardo la foto que me hice junto a la estatua de Dom Perignon. En este blog publico habitualmente las entrevistas “Tomando una copa con…”. Cuando me responden a la pregunta “Un personaje histórico que te hubiera gustado conocer personalmente”, muchos responden Jesucristo, Einstein, Napoleón, Kennedy, Julio César… A mi me hubiera gustado conocer a este monje benedictino que hizo el mejor invento de la historia de la humanidad, el vino con burbujas, que se ha convertido en un líquido mágico que preside todo lo que tiene que ver con el amor entre personas. Desde entonces mis visitas a la Champagne han sido constantes, calculo que he visitado más de 100 bodegas. Cuando estoy allí lo que más me cautiva es el paisaje, los viñedos, el “terroir”, hasta el punto de que en el comedor de mi casa tengo un jarro que contiene tierra de la Champagne, esa tiza que da fruto a unos vinos espumosos únicos y excepcionales. Me propuse elaborar “mi” Champagne, cuyas primeras botellas me están a punto de llegar. Envié cartas con mi propuesta a muchísimas empresas, me respondieron poco más de una veintena. Las visité una a una, me llevaban a los viñedos, me mostraban sus instalaciones y al final cataba sus productos. Intentaba catar con mucha precisión, no podía fallar en la elección. Al final del proceso elegí una empresa que se encuentra en un gran terruño: Le Mesnil-sur-Oger, en la Côte des Blancs. No me equivoque con la elección de la Maison Gonet, además de elaborar un Champagne excepcional se trata de una familia excepcional con la que desde el primer momento establecimos una entrañable amistad. Desde 2005 viajo cuatro veces al año para controlar todos los procesos de mi cuvée de Champagne. En la Maison Gonet, que es “mi casa” en Francia he vivido momentos inolvidables e irrepetibles. El año pasado, durante las tradicionales fiestas locales con motivo de Saint Vincent, su patrón, después de la cena que compartí con algunos prestigiosos elaboradores de la zona, a altas horas de la madrugada, cinco personas nos dirigimos a las galerías subterráneas de las cavas de Gonet. Allí Pierre Gonet degolló “in situ” unas botellas de 1945, 1954, 1964, 1970… Un momento de verdadera magia. Dicen que cuando pruebas un vino y te seduce lo retienes para siempre en tu memoria. Yo todavía tengo pegadas en el paladar algunas burbujas de aquel día. Por cierto, una de las botellas que abrimos ese día era de 1945. Un año especial para mí. El año que nació mi madre.

martes 8 de abril de 2008

Tomando una copa con… Pepe Nalda

Gerente del Restaurante Montana (Málaga)

Una virtud de tu persona: Sincero
Un defecto de tu persona: La puntualidad
Una virtud que valoras en otra persona: La constancia
Un defecto que detestas en una persona: La mentira
Un vino blanco: Godello con barrica
Un vino rosado: Petit verdot
Un vino tinto: Syrah que dé aroma a clavo
Un cava: Alguno con chardonnay
Un champagne: Cualquiera con pinot meunier
Si tuvieras que elegir un solo vino cual elegirías: Habla Nº3
Y con quien lo tomarías: Con una amiga
Un plato preferido: Gazpachuelo
Un restaurante preferido: Refrectorium
Una Ciudad: Málaga
Un país: España
Mar o montaña: Las dos unidas
Un medio de Transporte: Bicicleta
Un libro: Cien años de soledad
Una canción: Por debajo de la mesa de Luis Miguel
Una película: Nouvelle cuisine
Un deporte: El surf
Un color: Azul
Un nombre de hombre: Miguel
Un nombre de mujer: Lucía
Un personaje histórico que te hubiera gustado conocer personalmente: Einstein
Que tres cosas te llevarías a una isla desierta: Una tabla de surf, una pelota de goma y un libro de autodefinidos

domingo 6 de abril de 2008

“Ningú ha escombrat les fulles”

Hablar sobre literatura en catalán en un blog de vinos a través de un medio que tiene difusión en toda España, resulta un poco atrevido. Pero me atrevo por lo que os contaré de Jordi Llavina. Este autor que será sin duda en el futuro una de las grandes estrellas de la literatura catalana nació en 1968 en Gelida, en la comarca del Penedès. Está licenciado en filología catalana y trabaja como periodista. Ha publicado varios libros, el último de los cuales se presentó esta semana en Barcelona: “Ningú ha escombrat les fulles” (Nadie ha barrido las hojas). En su impresionante relato, que acabo de terminar habla de texturas, de sabores, de gustos… del paladar. En su presentación se habla de que el autor se pasea por los rincones más recónditos de las relaciones humanas y en los que describe con minuciosidad y con una gran dosis de lirismo, igual que si nos pasaran la película de nuestra vida por delante y la pudiéramos volver a oler, sentir y degustar.

Hace poco le hice una entrevista a Jordi Llavina, que está a punto de publicarse. Hablábamos de vinos y a alguna de mis preguntas él me decía: “No únicamente me gusta, el vino. Pienso que sin este tesoro de la cultura humana mi vivir sería incompleto, muy insatisfactorio. He dicho en alguna ocasión que algunas relaciones amorosas que he tenido han empezado, justamente, abriendo una botella de vino especial. Muchas de estas relaciones se han apagado, se han extinguido, no se ha cantado más gallo ni gallina… incluso he llegado a olvidar la expresión de alguna cara… pero a menudo el vino que tomamos aquella primera noche lo tengo bien grabado en la memoria... nadie me ha enseñado, a beber bien. Nadie me ha enseñado a hacer el amor bien o a leer bien o a ducharme bien. Corresponde a cada cual -a los adultos en plena posesión de sus facultades -de saber aprovechar un privilegio como este del vino”.

Leer lo que escribe Llavina supone un placer “sensorial”. Y si leyendo vas tomando unos sorbos de buen vino, la experiencia es “sobrenatural”.