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Vino Hasta Aquí. Entrega I (parte 2): Amor con amor se paga
El hombre que ha entrado sin abrir la boca ni saludar sigue husmeando con todo lujo de detalles las etiquetas. De un momento a otro me veré obligada a abordarlo si Ricardo no hace acto de aparición. Este jefe mío me resulta cada vez más torpón, pobre, y ya no sé si es porque le gusto y se pone nervioso o si es que él funciona así, despacito y con titubeos, como la guagua de mi ciudad.
El cliente con aspecto de chico del anuncio no me hace ninguna gracia. Está impacientándose. Tengo que salir y me santiguo. Soy una recién llegada a la civilización y el lujo. Me llamo Diana, vengo de algunas de las cumbres más altas de América. Adivinaba el nombre de las plantas a ciegas porque Dios me dio el don del olfato. He decidido aprovecharlo en esta tierra de futuro prometedor vendiendo y sirviendo vino.
- Buenos días, señor. ¿Puedo atenderle en algo? - Intento comportarme con naturalidad. Me gustaría que mi acento se esfumara.
- Sin duda, joven, me sentía muy solo. Soy Javier Testán y tengo mucho interés en verme con Ricardo Merlo. Vengo de parte de un conocido común desde Madrid para conocer la tienda.
El hombre me analiza de arriba abajo con velocidad. Noto que tiene práctica en ser muy rápido. Se me hace que es idiota, tonto, un presumido acostumbrado a ganar casi siempre.
- Vaya, señor, pues me va a disculpar pero Ricardo ha salido. Aunque no creo que se demore mucho más de diez minutos.
- Esperaré, esperaré…. Aunque pensándolo mejor, creo que podrías… ¿eres Diana, no?, he leído tu pin, sí…, porque tú no te has presentado, que recuerde, bueno, ja, ja, ja, no ando muy bien de memoria.
Ese hombre es tan banal y tontito como un veinteañero, como si necesitara impresionarme. Por otro lado, yo diría que es un grosero, criticarme de ese modo tan abierto. Soy una dependienta boliviana, una mujer de lo más normal a este lado de todo y él es un chico muy bien que viste fenomenal y está en el otro lado de todo, así que no puedo creerlo. Creo que me voy a pellizcar.
- Perdóneme, señor Testán…
- Estoy bromeando, querida, perdóname tú si te he molestado. Creía que te había convencido mi sentido del humor. Ya veo que no… A veces soy así, me porto como un cretino…
- Por Dios, señor…
- … ya ves, lo que quería pedirte era vuestra opinión sobre el
25
ANIVERSARIO.
Me he tropezado con él y, bueno, algo
así como todo un pen drive a reventar de archivos jpg de
imagen se me ha inyectado en la memoria y he recordado con detalles de
la más alta resolución mi visita al Hilo de
Ariadna, quizás mi verdadero bautismo
eno-turístico, del que no hace tanto, por cierto, no
sé si has estado, porque quizás tú no
has nacido aquí. Todo esto me lo dice como si recitara ante 1000 personas arrebatadas el texto de Romeo en la obra de Shakespeare. Menudo patán.
- No, no, soy de La Paz, en Bolivia, mis hermanas tardarán mucho todavía en saber lo que es un pen drive, señor... pero, en cambio, sí que he oído hablar y muy bien del laberinto de
.
Seguro que
usted, por otro lado, ha debido
oír hablar de los Buendía…, mi
familia..., Gabriel García Márquez
contó la historia…- Vaya…
Me mira inquisitivo. Le di donde más le duele. No sabe si bromeo, si miento o qué. Eso sí, cuando me quiero dar cuenta, Ricardo, mi jefe, aparece en escena justo entre nosotros en un silencio sepulcral. Se me queda mirando como uno de los muñecos de adorno que he visto en los autos, especialmente en los de las chicas, moviendo su cabecita. Está así de ridículo. Creo que quiere algo de mí. Entiendo que espera mi explicación y voy a dársela.
Se van los 2 y yo me siento aliviada. Durante unos segundos me he sentido en una pelea de gallos, a ver cuál de los 2 se pavoneaba más, estirando el cuello y sacando pecho. Los machos pueden llegar a ser infinitamente estúpidos en sus rivalidades. Pero he de olvidarme por completo del asunto y seguir a lo mío. No estoy para fiestas viriles, para guerreros.
Aún se me hiela el corazón al recordar sus gritos de auxilio entre los terribles chasquidos de la madera que el fuego iba destruyendo sin ninguna misericordia. Me persigue la pesadilla de una debacle infernal que se ha llevado a todos mis hombres más queridos e imprescindibles y he de disolverla inyectándome nasalmente la esperanza de una vida líquida, buena, sola, escurriéndome de la tentación de caer ante otro varón henchido de la fanfarronería asesina. Quiero un futuro con mis amores por tierra, no necesito ni más ni menos que vides, aspiraré aromas de flores, cenizas, tabaco, frutas o pizarras…
A su vez, un ser chisporroteante llamado Yas parece estar ardiendo mientras aguarda a que el semáforo parisino del Boulevard Haussmann en dirección al Boulevard Malesherbes se ponga verde. Hay un dandi de ébano junto a ella, un tipo salido incomprensiblemente de 1960, enseñando los calcetines. Igual está a punto de pasarse el pulgar por los labios como Belmondo en A bout de soufflé
(mira y experimenta y luego sigue con la escena).
Ese pedazo de hombre la mira quizás con perplejidad porque la diva desborda impacto y, además, lleva la furia dibujada en su rostro preciso, una obra del trazo genético más firme, de un ADN sin titubeos, no te equivoques.
El anguloso perfil eslavo se sitúa bastante lejos del suelo, una estatura como la de una columna romana en el mausoleo del césar de turno, con toda su esbelta rotundidad, acongojante, una muy bien organizada estructura ósea con la carne justa colocada en los lugares donde cualquier hombre espera hallar alicientes. El machote de ascendencia africana también puede presumir de arquitectura así como de un traje de
cortado como manda el canon parisién
pero se le adivina cierta inseguridad ante la estampa asombrosa de la
bruja. De pronto algo contrae el diseño facial de la diva en
una mueca de esperanza y este ¡flash! le devuelve una
pizquita de inocencia a un rostro exacto y distante. El dandi de origen septentrional se llama Frederic y dirige una sucursal próxima de
,
3º banco europeo de
inversión all over the world. Ella, por su parte, ha
invertido muchas horas en busca de un solo detalle al que aferrarse
para iniciar la persecución sin piedad de ese Javier
Testán, maldito traidor, un creído castellano que
ha resultado ser otro chulo machista más, en realidad tan
sofisticado como los esquemáticos camioneros centroeuropeos,
a los que Yas conoce como la palma de su mano. Ha recordado la carpeta que estuvo fisgando mientras ese mal/nacido dormía después de una sesión devastadora de sexolandia entre las sedas de las sábanas y las copas -tan apropiadas en estos casos- Riedel
vintage, hechas ya añicos y resguardadas bajo cubierto por
las toallas de la ducha. Había en su interior la
impresión en papel de pdf’s sobre Barcelona y
Valencia, con hoteles, tiendas de vinos y restaurantes. Eso fue el
jueves, hace tan sólo 5 días. Yas piensa en medio del trasiego chic del centro de París caminando a través del Boulevard de los sueños rotos si no podrá acercarse a la oficina y hacer como que él le ha pedido que le compruebe algún detalle que ha dejado allí olvidado.
La dejó tirada en LEWIS PUTTIN, nada menos, mirando la nueva colección de bolsos de mano. Enloquecida de rabia y desesperación en cuanto comprendió la jugada al cabo de un par de minutos recorriendo el local con una sonrisa de estupor congelada, salió a buscarle
como una idiota arriba y abajo de les Champs Elysées,
como una ingenua muñeca rota entre los perplejos turistas y tantas parejas multirraciales.
Es una verdadera suerte que Irina trabaje en el handling del Charles de Gaulle. También resulta perfecto que haya decidido abandonar su pose de moscovita mojigata. Ahora ha conseguido en 3 meses llevarse a la cama a 3 peces gordos de diferentes secciones. No puede permanecer embalando maletas toda su vida. Yas espera que Irina sea capaz de averiguar si ese maldito ha volado a Barcelona o a Valencia. Eso.
Un dandi negro tremendo la sigue a un par de metros por Malesherbes. En otro momento, no le habría pasado desapercibido. Ahora da igual. Entra en la sede de
. Y 10’
más
tarde sale agitada con un portafolio oculto en su bolso. Cruza un taxi
y lo pilla al vuelo, como si fuera una superheroína de
Hollywood. Resulta que el dandi atlético con el pedazo de ADN africano sigue allí. Lee un diario frente al patio y fuma un cigarrillo BN y toma su PDA. Frederic Fajardie llama a su buen amigo español. Pues VALE.
-Friend, no te creerás lo que acabo de ver…Yas saliendo de tu oficina.
- ¿De LBO?
- Right, Javier. Ha entrado con la cara ardiendo y ha salido con la paz en sus ojos de bruja.
- La madre de Dios, esa zorra cree tener una información mía muy importante…. No tengo ni idea… llamaré a Jean Patrick.
- Deberías haberlo hecho antes, mon ami. Espero que no sea too late.
- I wish, see you Fred, and thanks a lot, fellow. I’ll tell you later.
Apenas unos segundos después Fred ve aparecer a Jean Patrick Manchette a toda prisa desde el zaguán de mármoles rosa y beige sobre una acera impoluta. Se trata del que fuera segundo de Testán. Sabe que se ha largado de la empresa, de la ciudad, y de que no va a regresar. Lo que ha ocurrido es que sencillamente, chic@s, a José Giovanni se le había atascado la fotocopiadora. Y, cuando salía de su despacho, JP ha entrevisto la figura de la espía industrial saliendo ya por la puerta, no!, no!. Y ahora en la calle empieza a darse golpes en el muslo junto a un portal de ensueño con lo que parece una excesiva exageración, pues, como es normal, no podía quedar ya nada comprometedor al alcance de la pécora intrusa, así que la escenita evoluciona hacia una idea barata de ficción que no nos importaría si no fuera porque además es cutre y sin sentido, propia de un chico sin mucho criterio como JP que ha llegado bastante lejos.
Elena Blasco atiende cada vez más clientes en
, pesa 58
kilos y mide 1,74 metros pero está subiendo como la espuma
de manzana. Esa tarde ha quedado en
con Manoli
Romeralo, campeona del mundo de habano sumiller en La Habana. Elena
conoce a un tipo belga que igual podría encajar bien en el
casting que tienen pendiente en el restaurante después de
que Jonathan Ruiz les haya dejado para atender a su madre enferma y
volver a Madrid. Manoli suele vestir de negro. Elena prefiere la gama de azules, siempre oscuros. Esta chica es una mujer ligera y flexible. Te engañaría su rostro, redondito y con unos pómulos carnosos, ese corte de pelo a lo chico. Pero se alarga y se mueve con garbo y no desentonaría en una pasarela.
Las 2 profesionales se sientan ahora en la misma terraza del restaurante. Las vistas son tremendas. El mar y la huerta que escasea se pierden en el horizonte. Hace un día brutal de esa luz sorolla. Elena quiere conocer la opinión de Manoli. La joven sumiller es la pequeña de 4 hermanos, todos chicos. Mucho papá, además. Los efectos laterales: su pesquis con los tíos, bueno, no está entre sus puntos fuertes…
- Yo creía que íbamos a hablar del belga.
- ¡Ja, ja, ja! Pues ya ves, mira por dónde.
- Si ha ido 3 veces de lunes a viernes y dice estar de paso, debe haber al menos 2 razones.
- ¿…? – Elena no lo pilla.
- Bueno, chica, ahora tenemos en la ciudad bastantes restaurantes buenos como para que ese galán de noche pueda variar algo más a la hora de cenar. Justo por culpa de lo de Jonathan, he hecho todos los turnos de Vertical esta semana. A nosotros no nos ha visitado y nos acaban de dar la estrella Michelin, por poner n solo ejemplo.
- Es verdad.
- Ese tío ha flipado contigo.
- Pero se lo cree mucho.
- 2 argumentos independientes, querida. Y, en fin, por lo que me has comentado se las sabe todas.
- Va a ir a la presentación del lunes de los
. Dice
que le está gustando todo el vino de aquí que ha
probado y lo del lunes con la D. O. de
le
apetece mucho.- Estás creando un suspense de lo más interesante. Necesitamos personajes así. Al final acabamos viéndonos siempre los mismos.
- Javier Testán. Es un apellido raro.
Elena lo dice con un tono inequívoco. Sus ojos brillan con ilusión sin necesidad de estar probando un vino sorprendente. Manoli le ha advertido en infinidad de ocasiones contra esa exagerada concentración de sus emociones en un ser vivo que no habla.
- Testán buscando, Javier…- Dice a su pupila.
Yas ha tenido suerte. Se santigua dando gracias cuando su vuelo aterriza. Le da pánico volar. Irina necesitó poco para enterarse de que Javier se ha largado a la ciudad. Es viernes. El llegó el lunes.
Yas tiene una lista de 5 hoteles donde ese traidor estará durmiendo con alguna sustituta en Valencia. Nunca había estado antes. De hecho, de España conoce tan sólo Barcelona. Ojala acierte y pueda pillarlo. No encuentra otra razón a ese abandono súbito. Una bruja le ha robado el sentido.
Yas chapurrea cuanto apenas el castellano. Al llegar de su tierra a la capital gala, vivió un año con Gabriela, nacida en México DF y, además, le gustaba mucho Jaimes, el cantante puertorriqueño.
El taxista parece entenderla perfectamente. Llegan al
enseguida. Es un sitio low-cost, con lo justo. Da igual.
Está exhausta y triste. La mujer rusa de fibra se duerme
soñando con hincarle el diente al trasero de Javier, esas
nalgas duras que tanto echa de menos. Javier Testán tiene el culo prieto y un amigo valenciano que sabe lo suyo. Hace 3 años que no se ven. Veraneaban juntos en Gandía. Eso no se olvida fácilmente. El es catedrático de literatura en un instituto.
- No jodas, ¿el conde?, ¿el de Guerra y Paz?
- Sí, sí, … esa tía… ¿por qué elegiría ese nombre?..., ¿dependienta de una tienda de zapatos?... ¿tenía estudios? Ese nombre parece una broma culta…
- Lo juro.
- Es rarísimo, ¿por qué habrá corrido ese riesgo? Tú no eres precisamente un tío ignorante, podrías haber acabado enterándote, como así ha sucedido…, joder…
- Me estoy acongojando, Julio.
- Y lo tuyo es tremendo, Javier. ¿Qué coñac sabes de ella?…. ¿Tiene manera de saber dónde encontrarte?
- No, no. No tiene ni idea de donde puedo estar… aunque, espera…
- No me gusta tu cara….
- Es que…uf! Ahora te cuento… viene el arrocito, a ver si se me pasa el susto…
- ¿Tienes tanta pasta, amigo?
- Eso espero.
Un catedrático traga saliva. A pesar de todo, sabe a vino.
(ponle música -de Jaime Urrutia, claro- a la primera entrega del serial)
Copyright © Max Setti
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21 de Enero de 2009 (21:42)
Bueno, bueno. Esto está interesantísimo.
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22 de Enero de 2009 (10:52)
Me estoy divirtiendo una barbaridad con esta historia. Me ha enganchado pronto, lo cual es buena señal. Ardo deseos de leer las siguientes entregas... ¿No vais a colgar ninguna foto de Yas? ;-) |
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22 de Enero de 2009 (20:58)
Gracias a ambos... hemos activado ya en el Foro de Vino Hasta Aquí un concurso literario para que decidáis el devenir de la historia...... Un saludo |
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23 de Enero de 2009 (22:41)
Te enganchas bien rápido. Me encanta este formato, de historias paralelas. Buen trabajo. Salut! |
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27 de Enero de 2009 (10:54)
Muy entretenido y fluido el relato. Las referencias explícitas a restaurantes y vinos quedan un poco parche, pero supongo que eso es lo novedoso del tema. Felicidades al autor y a Verema. |
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26 de Febrero de 2009 (15:34)
Esto engancha! Necesito masssss...
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