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Coup de Coeur
En la tremendamente complicada terminología que empleamos los que pretendemos saber algo sobre vinos, hay una frase que leí por primera vez en la guía Hachette de los vinos de Francia, que me llamó mucho la atención; en primer lugar por que la creía una exageración, aunque personalmente ya me había tropezado con algún vino sobrecogedor, lo de Coup de Coeur (golpe de corazón), me parecía un poco fuerte, no acababa de creerme lo de tanta emoción simplemente por catar un vino; ¡ah, amigo mío!, en esto que decidimos Javi Serrano y un servidor irnos al Valle del Loira, a una feria de vinos de la que apenas teníamos referencias, más que un contacto casi a voleo hecho en Vinoble (que luego resulto ser la Delegada Internacional de Los Vinos del Loira) y unos cuantos vinos catados apresuradamente el último día en Jerez; y aprendí una lección que no olvidaré mientras viva.
Tras un viaje agotador (sobre todo en su último tramo, siempre lloviendo) de 1.300 kilómetros, llegamos a nuestro punto de Destino (lo he puesto con mayúscula a propósito). Ibamos cagando hostias por la carretera general, pues habíamos pasado apuros con la gasolina , recorriendo más de 60 kilómetros con la luz de la reserva encendida, lo que nos obligó a ir muy despacio, y teníamos que recuperar terreno. De repente vemos como una especie de pretil se va formando a ambos lados de la calzada, en lo que suponemos a primera vista es un puente, expectantes abrimos los ojos como platos en medio de la noche lluviosa para tratar de ver el Loira, y como por ensalmo en un espejismo de la imaginación apareció majestuosa , flotando en las aguas del río: Saumur; repleta de Castillos, edificios nobles, con su impresionante fortaleza medieval (hoy escuela y museo ecuestre), dominando la ciudad desde su atalaya, toda ella perfectamente iluminada.
El impacto visual fue tal, que casi paramos el coche en el inexistente arcén, haciendo frenar a los que venían "comiendo culo". La emoción hizo que el cansancio acumulado casi desapareciese. En nuestro interior reinaba la placidez que nos dan las cosas bellas; alborozados, con una alegría infantil casi injustificada nos fuimos en busca de condumio para la cena. Por extraño que parezca acabamos cenando en una pintoresca cabaña Quebecoise, unos manjares un poco extraños pero de agradable sabor. Iban de listos y pretendieron cobrarnos unos cocktails que suponíamos "de la casa", y montamos el primer y último pollo en Francia. Mas tarde, aclarada la movida, nos fuimos en busca de nuestro hotel, que encontramos sin mayor dificultad, situado prácticamente dentro del Parc Expo de Angers, lo que nos permitía catar con mayor intensidad, ya que no había que coger el coche (por cierto como va el cabrón). A pesar de la buena impresión inicial, nada hacía presagiar que el día siguiente iba a ser uno de los más alucinantes de nuestra vida.
Nada más llegar al "Salon des Vins du Val de Loire", nos acreditamos como periodistas especializados, y nos encaminamos hacia nuestra flamante sala de prensa, para ver que se cocía, y pillar un buen alijo de información que llevarnos a casa y allí conocimos a nuestra hada madrina "Linda", una menuda y vivaracha parisina, enamorada de España y de los españoles, y también del "argot taleguero" ,que se desvivió por nosotros durante los tres días y tres noches que duró la feria. (Que Dios -si a pesar de todo existe- te guarde).
Yo tenía ciertas dudas, por lo del idioma; pero aluciné pepinillos en vinagre cuando vi que Javi en poco menos de dos horas había aprendido Francés y se le había desarrollado un morral legendario.
Anduvimos como "niños en una juguetería" durante todo el día, de stand en stand (mira que es fea esta palabra), nerviosos, inquietos, como cuando un depredador aguza sus sentidos ante la expectativa de cobrar una pieza importante que sacie su hambre. El primer día llegamos a catar cerca de 100 vinos, de casi todas las zonas del Loira, descubriendo aromas nunca percibidos en un vino por nuestros suponíamos que bien entrenados olfatos: flores de acacia, espino blanco, tapenade, espárragos verdes, petróleo, queso de cabra, cerezas y fresas (en vinos blancos), etc.
Pero lo que más nos impactó este primer día fueron dos cosas que más tarde se verían rotundamente confirmadas: la Chenin, (que allí se pronuncia más o menos sshenan) y el profundo amor que sienten los viticultores por su "terroir" y por sus vinos, va mucho más allá de todo chauvinismo, os lo aseguro. Pero la sorpresa grande estaba por llegar: por la noche había una cena de gran gala, en un granero reconvertido en Château. Era realmente hermoso, de estilo gótico-normando, dispuesto en tres cuerpos principales, con una bóveda de cañón central, arcos ojivales en los laterales, y un artesonado de madera en el techo, digno de alabanza.
Por nuestras aturdidas pupilas desfilaban zíngaras, equilibristas, bufones, malabaristas, trovadores, músicos medievales, y una extraña figura con zancos de casi tres metros, gestos de libélula, que iba ataviada con un vestido de seda azul celeste etéreo ,que flotaba literalmente, envolviéndonos con un halo mágico y misterioso. La criatura se movía con una extraña agilidad , al ritmo de romanzas medievales y juegos de luces fantasmagóricos. Los manjares eran sorprendentes, pero el espectacular servicio "a la francesa" lo era todavía más. En un momento de la noche, apagaron todas las luces del enorme salón, y empezamos a ver unas bolas de color rojo que tenían luz propia, y aparentemente se movían solas, con la cadencia habitual de los juegos malabares, la música sonaba atronadora, (flautas, dulzainas, tambores, timbales, etc.), de repente un gran haz de luz nos hizo comprender de que se trataba: Seis malabaristas precedían al Chef , totalmente rodeado por saltinbanquis y personajes ataviados de época; éste perfectamente uniformado y con paso solemne iba orgulloso de su obra: una enorme fuente, portada por seis cocineros, en la que estaban dispuestos seis cerdos en formación piramidal, rustidos al espetón, y totalmente rodeados de su correspondiente guarnición: legumbres del "terroir". Aquel descomunal plato fue dispuesto en un no menos tremendo gueridón, y nos sirvieron a casi doscientos comensales ante nuestros propios ojos, y la comida ¡ no estaba fría!. Grandeur.
Solo una pequeña putadita ensombreció ligeramente la velada: cuando estábamos atizándonos un par de excelente Robustos de Cohiba se nos acercó un menda y nos sugirió amablemente que abandonásemos el comedor puesto que en todo el edificio estaba prohibido fumar, (después de hacernos los remolones a ver que pasaba, le hicimos caso.) Una vez en España me enteré que dicho Château había sufrido un incendio devastador en el pasado, y no querían mas bromas con el fuego; servidumbres de un artesonado tan bello.
Toda la noche soñamos con estas vivencias, y al día siguiente a primera hora, ¡al lío!, cuadernos de cata en ristre, programas del Salón, y Javi cargado con un portafolios y con su morro que no es poco.
Durante todo el día, ya que no podía hablar, me dediqué aparte del tema que nos ocupaba, a observar a la gente. Vi manos ajadas, repletas de sabañones, retorcidas como vides animadas; espaldas forjadas por décadas de trabajo duro;(cuando vinimos hacia casa, evidentemente estaba diluviando, -ya que no vimos el sol en los cinco días-y los viticultores estaban pertrechados con impermeables de marinero, y botas de pescador de río, y trabajando en el viñedo), ojos brillantes de pura emoción cuando nos observaban atentamente catar uno de sus vinos. Y lo más emocionante era ver como se ruborizaban ante nuestros halagos aquellos seres humanos de todas las edades.
A la prensa nos trataban como a Dios, teníamos guardarropía, información constante de todos los eventos que se producían en el Salon: Catas monográficas, Campeonato Europeo de Jóvenes Sumilleres, conferencias, debates, presentaciones de vinos, etc. Hicimos como alguno de nuestros queridos compañeros, nos apuntamos a todos los cursos y catas, y no asistimos a ninguno, pues cuando estábamos catando nuestra perspectiva visual y vital no alcanzaba más allá del horizonte del ribete del vino, no podíamos concebir nada mejor que lo que estábamos haciendo, y uno tras otro se no iban olvidando los cursillos.
Contábamos con una cafetería siempre abierta, con algo de repostería recién hecha. A la hora de comer, que en Francia son las 12 más o menos, en un local anejo a la sala de prensa montaban un bufette asombroso (que desgraciadamente descubrimos el segundo día ,como es normal, tuvimos que recuperar terreno), ¡había papeo para toda la calle!, Javi casi palma comiendo ostras, yo me fajé en un cuerpo a cuerpo durísimo con los quesos, ¡que gozada!, no parábamos de hacer viajecitos a por más condumio, lo más fuerte era que los únicos periodistas de todo el mundo que bebían vino comiendo éramos nosotros.
(Por cierto en la Sala de Prensa, había un periodista "japo" jugueteando todo el día con dos ordenadores portátiles, al que no conseguimos ver catar un vino, seguramente era abstemio -como el Peñin al principio- y estaba haciendo la crónica del Salón "de oidas", que no os extrañe , lo hacen muchos pseudoperiodistas).
Para variar, por la noche acudimos a una cena de gala en un Château, de la que os adjunto una foto para que se os haga la sangre negra. La Cena en cuestión la ofrecían los viticultores del Loira a la prensa internacional, catamos vinos de todos los viticultores presentes, cada uno de los enólogos presentaba su vino, y trataba de defenderlo y encontrarle bondades. Posteriormente el Champion du Monde de sumilleres prefiloxéricos hacía una disertación "magistral" sobre el vino en cuestión, dibujando unos amorfos animalillos, que un colega inglés definió muy certeramente como Castores. Allí flipabamos en colores, no sabíamos que el vino se podía dibujar.( Cosas de Champions.)
Allí conocimos a una de las personas con más clase de cuantas hayamos podido conocer en toda nuestra puta vida, la gran Dama de Savenniéres, Madame Laroche; charme, savoir faire, feeling , saber estar y ¡yo que se más! a raudales, además hablaba un perfecto Español, y pude salir de mi mutismo durante algunas horas. Por cierto Les Chevaliers de La Loire (Javi y Juan), estamos invitados a su Château, para pasar unas pequeñas vacaciones. Imagino que cuando nos vea papear y lo del tema del vidrio, nos expulsará rápidamente, pero el "agujero" en la bodega puede ser irreparable.
También trabamos cierta amistad con Daviau, un bodeguero que elabora un asombroso vino dulce llamado Bablut que alguno de vosotros conoce, y que es un fanático del flamenco, esperamos vernos en Vinoble 2002, y le daremos "ración doble" de flamenco. René Renou, presidente del I.N.A.O. Francés, con el que seguramente haremos una presentación de vinos españoles en la sede oficial del Instituto Nacional de la Denominaciones de Origen, en Les Champs Elyseés de Paris. Otro personaje entrañable que conocimos fue Mister Noel, un maestro de escuela pública de Londres, que se autodenominaba "Papa Noel", un hombretón de más de 100 kilos de peso, fumador empedernido, cáncer de pulmón galopante, cejas a lo Breznev y casi setentón, que estaba secuestrado en la cafetería de la sala de prensa pues en el salón no dejaban fumar; a pesar de ello, de vez en cuando nos pasaba algún "chivatazo", inmediatamente íbamos a catar el vino que nos había dicho, y no fallaba, siempre era excelente; cuando volvíamos alborozados a confirmarle la veracidad de su información, siempre decía con mucha sorna "Debéis de confiar en el viejo maestro".
Tantas entrañables personas, que seguro olvidaré la mitad, pero voy a intentarlo: Brisebarre, Linda, Noel, Madame Laroche, Cristhope Daviau, Philippe, Madame Suzette, Sr.Chainier, René Renou, Joel Menard y la maciza del espumoso que no me acuerdo como se llama.
El último día teníamos ideas delirantes. Le propuse a Javi comprar unas esposas y encadenarnos a un stand, y beber hasta la muerte; (los de "La Grand Buffe" eran barrio sésamo a nuestro lado tal era la voracidad despertada en nuestras papilas). Otra genial idea era pedir asilo político y quedarnos a vivir allí, en la feria, para nunca jamas. Fue el día más intenso de todos. Linda, nuestra hada madrina particular, nos consiguió, no sabemos como, un pase de aparcamiento Vip del director del Salón, con el fin de acercar el máximo posible el coche al mogollón de botellas que teníamos aparcadas en la sala de prensa.
Me fui a toda leche al hotel a recoger el coche, le puse mi pegatina de Director de la Feria, y cuando la vió el negrata de la puerta, le faltó cuadrarse y hacerme una reverencia. Una vez conseguí aparcar (pues los Vips son muy cabrones), estuve hecho una mierda casi una hora, llorando a lo bestia, agobiado pues Javi estaba en un stand esperándome con parte de un cargamento. Yo lo sabía, pero no podía aparecer en el Salón llorando como un imbecil. Acababa de caer en la cuenta que se cumplía el primer aniversario de la muerte del mejor amigo que he tenido nunca: mi padre.
Al final y tras un día agotador, pleno de emociones y de trabajo, conseguimos "forrar" el Focus con más de treinta cajas de vino, y nos dispusimos a descansar para afrontar la paliza de vuelta, con una pequeña escala prevista en Burdeos con el fin de comprar algunas cosillas.
Las reflexíones principales de este inolvidable viaje, son varias: una de ellas y nada desdeñable es que con Javi se puede ir al fin del mundo. La siguiente es que no tenemos ni puta idea ni de vinos ni de viticultura. Otra es que el mejor método de estudio es viajar, catar, conocer las bodegas y hablar con las personas que hacen los vinos, nadie como ellos va a poder explicarte ese vino. Y la última es que no existen fronteras en las papilas gustativas, ni en vuestro olfato, el vino es una patria en si mismo, no tiene fronteras ni países, aúna a los seres humanos, saltándose idiomas, condición social y cualquier condicionamiento cultural o racial, el vino es amor, es pasión, ¡Vívela intensamente!
EPÍLOGO Espero que este minicurso haya sido de vuestro agrado, y que el año que viene en el Loira seamos una legión de sumilleres españoles. Si conseguimos que estos vinos os gusten una décima parte que a nosotros, todo este esfuerzo habrá valido la pena. Recordad el ejemplo, cuando vayáis a cualquier zona vinícola del mundo, pensad que en Valencia se quedan compañeros sedientos, de vino y de sabiduría, compartir es multiplicar. Ya nunca nada será igual, con tanto Coup de Coeur un trozo importante de nuestro corazón ha quedado en ese bellísimo y lejano valle que tan hospitalario ha sido con nosotros, los dos únicos españolito que, ¡con dos cojones! osaron acudir hasta él, en el que el maridaje ideal de sus vinos, nunca sospechado por un sumiller, es el de Tierra-Hombre-Vino-Amor.
Copyright © Juan Ferrer Espinosa
